Aves y perezosos de Costa Rica: qué fauna ver y dónde
Pocos países del mundo ponen la fauna tan al alcance de la mano como Costa Rica. Con apenas una porción diminuta de la superficie del planeta, reúne cerca del cinco por ciento de todas las especies conocidas. Y lo mejor es que no hay que buscarlas demasiado: los perezosos cuelgan sobre los senderos, los tucanes cruzan de rama en rama y los monos se asoman al desayuno. Aquí la naturaleza forma parte del día a día.
En esta guía nos centramos en las dos grandes estrellas para el viajero, los perezosos y las aves, y te contamos qué otros animales verás y en qué lugares tienes más posibilidades de encontrarlos.
Los perezosos: la estrella de Costa Rica
Si hay un animal que resume el espíritu tranquilo del país, es el perezoso. En Costa Rica viven dos especies: el perezoso de dos dedos, algo más grande y de hábitos nocturnos, y el de tres dedos, con esa cara que parece sonreír siempre. Se mueven despacio, duermen muchas horas y pasan casi toda su vida en las copas de los árboles, así que verlos requiere mirar hacia arriba y, sobre todo, tener a alguien con buen ojo cerca.
Los encuentras en gran parte del país, pero hay zonas donde son casi seguros: el Caribe Sur (Cahuita y Puerto Viejo), el Parque Nacional Manuel Antonio y los alrededores de La Fortuna y el Arenal. En varias de estas zonas existen además centros de rescate y santuarios donde conocer de cerca su historia y la labor de conservación.
Un paraíso para quien ama las aves
Costa Rica es uno de los mejores destinos del mundo para la observación de aves, con más de novecientas especies registradas. No hace falta ser experto para disfrutarlo: en cualquier jardín o lodge verás pasar colibríes, tangaras de colores imposibles y oropéndolas con sus nidos colgantes. Para quien viaja con prismáticos, el país es un festín que cambia por completo según la región y la altitud.

El quetzal: el ave más buscada
Ningún ave despierta tanta ilusión como el quetzal resplandeciente, con su plumaje verde iridiscente y su larga cola. Habita los bosques nubosos de altura, y los mejores lugares para buscarlo son San Gerardo de Dota, en la zona de Los Quetzales, y Monteverde. La época más favorable coincide con la anidación, entre marzo y junio, cuando defienden su territorio y son más fáciles de localizar. Verlo posado entre la niebla es uno de esos momentos que no se olvidan.
Tucanes, lapas y colibríes
Además del quetzal, hay aves que son un espectáculo por sí solas. Los tucanes, con su pico enorme y colorido, se ven con facilidad en las zonas bajas del Caribe y el Pacífico. Las lapas rojas, esos guacamayos escandalosos que vuelan en pareja, han recuperado terreno y son frecuentes en la costa del Pacífico Central y en la Osa. Y los colibríes, de decenas de especies, revolotean en cualquier zona de montaña, sobre todo cerca de los comederos de los lodges.

Otros animales que verás
La lista no acaba en aves y perezosos. Costa Rica alberga cuatro especies de monos (aullador, carablanca, araña y tití), ranas de colores llamativos como la rana roja de ojos rojos, iguanas, coatíes, pizotes y una infinidad de insectos y mariposas, entre ellas la famosa morfo azul. En las costas, según la temporada, anidan tortugas marinas, y frente al Pacífico pasan las ballenas jorobadas.
Los mejores lugares para ver fauna
Cada parque tiene su carácter. Corcovado, en la Osa, es el más salvaje y completo. Manuel Antonio combina selva y playa con fauna a cada paso. Tortuguero, en el Caribe norte, se recorre en barca entre canales llenos de vida. Monteverde es el reino del bosque nuboso y las aves. Y el Caribe Sur es tierra fácil de perezosos. Combinar dos o tres de estas zonas te da una variedad enorme en un solo viaje.
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Consejos para ver más animales
El mejor consejo es sencillo: contrata un guía local. Su ojo entrenado y su telescopio marcan la diferencia entre ver cuatro animales o cuarenta. Madruga, porque el amanecer es el momento de mayor actividad, y muévete en silencio. Lleva prismáticos, ropa de colores neutros y paciencia. Y nunca alimentes a la fauna: además de estar prohibido, altera su comportamiento y su salud. Observar sin molestar es la forma de que estos encuentros sigan siendo posibles durante mucho tiempo.